Paso 1: Acepta que los hoteles no son la solución
Sí, los hoteles tienen lobbies elegantes y botellitas de champú, pero ¿tienen tu propia piscina privada, una cocina completa y cero encuentros incómodos con extraños en el buffet del desayuno? No. Una villa le da a tu familia el espacio para respirar (y para evitar escuchar los ronquidos del Tío Bob a través de paredes de papel).
Paso 2: Elige tu destino soñado
¿Te tientan las soleadas playas de España, las colinas onduladas de la Toscana o un paraíso tropical escondido? Hay villas en todo el mundo, y cada destino tiene sus encantos. Investiga bien o, mejor aún, deja que los niños crean que ellos tienen el control de la elección. (Spoiler: solo quieren una piscina).
Paso 3: El tamaño importa (elige sabiamente) 
Una villa espaciosa significa que nadie tendrá que pelearse por el sofá o acabar durmiendo en un colchón inflable. Busca propiedades con suficientes habitaciones y baños para que todos coexistan en paz. Y si en tu familia se aplica la regla de “cuantos más, mejor”, elige a lo grande: algunas villas incluso tienen casas de invitados o habitaciones con literas.
Paso 4: Busca comodidades familiares
¿La villa es segura para niños? (Una mesa de centro de vidrio en una casa llena de pequeños es un accidente esperando a ocurrir). ¿Tiene juguetes, juegos o incluso una sala de cine? ¿Y qué tal un chef que prepare deliciosas comidas mientras tú disfrutas de una sangría junto a la piscina? Siempre revisa los extras que hagan la vida más fácil.
Paso 5: Reserva como un experto
Aquí va el truco: reserva temprano y con inteligencia. Las villas en temporada alta desaparecen más rápido que el protector solar en la playa, así que planifica con tiempo. Usa sitios confiables de alquiler vacacional, lee las reseñas (sí, todas) y pregunta por las políticas de cancelación. Consejo extra: algunos servicios de concierge pueden organizar desde traslados hasta la compra del supermercado antes de tu llegada.
Paso 6: Empaca ligero, pero con estrategia
En una villa no hay límite de equipaje, pero tampoco te pases. Elementos esenciales: trajes de baño, ropa cómoda, una cámara para capturar los clavados fallidos del abuelo y, por supuesto, un flamenco inflable para la piscina.
Paso 7: Disfruta (y finge que es tu propia villa)
Una vez que llegues, siéntate y relájate. Esta será tu casa por una semana—¡aprovéchala al máximo! Enciende la parrilla, organiza una noche de juegos en familia y toma demasiadas fotos del atardecer. ¿Lo mejor? Nadie te juzgará si pasas todo el día en pijama.
Una escapada a una villa familiar no es solo un viaje, es una experiencia. Más espacio, más diversión y más recuerdos, sin las molestias de un hotel. Así que adelante, reserva esa villa y prepárate para las mejores vacaciones de tu vida.